Destruir es un ansia vacía de objetivos. Es un extremo que impone con ira la necesidad de que desaparezcan las cosas. El cemento que resta plasticidad a tus neuronas lo esparce la misma mano que sueña ahogar gritos en sangre. Un sueño que resta tiempo a los pasos hacia delante. Porque te encuentras un muro. Porque evitas la realidad.
Los ojos que no miran al frente se nublan con la fuerza centrípeta de la lógica y el hormigón. Los trozos de espejos rotos distorsionan lo que eres. Tu fin se queda en el medio y tus extremos sin su mitad.
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