Este blog nació bajo un vínculo que se creó de la nada. Entre dos personas que se creyeron iguales y se supieron distintas. Él, a caballo entre la genialidad y la inexistencia, escudado en su soberbia y la rigidez de sus teorías, pero con momentos de luz y calma que hacían que una tormenta valiese la pena. Ella, a saltitos entre la profundidad reflexiva y lo sencillo de quedarse respirando sobre el mar, buscando el equilibrio y la sonrisa de la piedra más afilada con la que tropieza.
Este blog termina hoy tras otro espejo que se rompe... quedando sólo trozos de la mitad que se queda sola. Porque mirarse al espejo duele. Porque jugar con cristales corta. Porque destruir siempre es más fácil que seguir luchando por crear.
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